sábado, agosto 21

así es la vida

Lejos el mejor atributo de la casa de mis padres es su increíble vista al mar. Uno puede estar almorzando, trabajando o simplemente sentado en el sillón y mirar las olas, los barcos gigantes, las gaviotas y los cerros al otro lado de la bahía. También puede ser que uno esté disfrutando sus vacaciones, escribiendo sobre la vida en un computador prestado porque el propio colapsó a las dos semanas de la compra (qué desilusión Sony!), después de un almuerzo casero preparado especialmente para la hija pródiga, cosa que le da un sabor todavía mejor.

Y en estas circunstancias es inevitable empezar a pensar en todo lo que ha pasado, analizar las cosas más de lo habitual y tratar de llegar a una conclusión que ayude a llevarlas mejor. Es que a veces, cuando estoy en mi oficina mirando la pantalla del pc y la cara de Emilia, mi vecina de escritorio, cierro los ojos un rato y puedo ver esta misma imagen en mi cabeza, con el mar, los barcos, las gaviotas y los cerros. 

Es bien raro todo porque de algún modo siempre supe que terminaría partiendo a Santiago o a algún lugar todavía más lejano, así que no me sorprendió tanto el cambio de mi vida antigua a mi vida actual. Además, la nueva venía con el bonus track de concretar todo lo que siempre había querido: el departamento, la entrada al área -digamos- social, los viajes, la independencia absoluta, la soledad. No me arrepiento para nada, eso está clarísimo, pero echo de menos un montón de cosas partiendo por la familia, los amigos, el mar, el olor a humedad en las calles, la gente más sonriente en cualquier parte, la escasa distancia entre todo lo necesario para vivir, los sándwiches del Bogarín.

Me pasa que cuando salgo de la pega, después de haber pensado en miles de cosas distintas, me subo a un bus del Transantiago y empiezo a mirar las calles por la ventana. Como a esas alturas de la tarde mi cabeza volvió a ser sólo mía, se van los pensamientos de trabajo y entran los de la vida, que además llevan un buen rato peleándose por salir a flote. Recién ahí empiezo a tomar conciencia de todo lo que ha pasado. Miro La Moneda y de pronto caigo en cuenta de que estoy instalada en la capitale. Miro la publicidad de departamentos nuevos y pienso que ya no es el sueño que concretaré algún día. Miro a la gente adulta y arreglada llendo de la oficina a la casa y veo que soy uno más de ellos, con mi cartera y mis "tacos". 

Es bien raro porque hace dos días era una estudiante de zapatillas y mochila, viviendo con mis padres en esta casa con vista al mar y pensando cómo decoraría el departamento propio cuando llegara. Bueeeeh.. días, meses, años, lo mismo, no?

Pero el trayecto en micro es corto y 15 minutos no son suficientes para llegar a grandes conclusiones. Y, claro, una vez en mi casa me llenan las preocupaciones de todo lo que implica ser una dueña de casa... jajaaa. Bueeeh... digamos que le hago empeño.

El punto era que hasta ahora no había tenido mi cabeza sólo para mí. En esta semana de vacaciones me olvidé completamente de la pega y volví a pensar sólo en los asuntos de la vida y un poco a sacar cuentas de todo lo que he hecho. Y lo primero fue sorprenderme de todo el tiempo que ha pasado. También me sorprendió calcular que tampoco es taaaanto tiempo, considerando todas las cosas que he hecho... es una sensación bien rara la verdad. Pero me gusta. Todo es raro, pero igual me gusta. Supongo que esa es la gracia.

Me acuerdo que cuando salí de la universidad tenía esta misma sensación de incertidumbre, de no saber qué podría pasar al día siguiente pero feliz de saber que mucho de lo que pasara dependía de mí. O sea, no incertidumbre con miedo a lo que pueda pasar, sino con mucha satisfacción y entusiasmo porque llegar a este punto incierto fue en gran parte gracias a mí, y porque así mismo puedo seguir llendo donde quiera.

Insisto, no me arrepiento para nada. Ni de esta ni de las otras decisiones "trascendentales" que he tomado en mi vida.

Puede que mi pega se haya convertido en una lata, que mis compañeritos de trabajo sean un poco neuróticos y un poco extraños para relacionarse entre sí. Puede que la contaminación me haga mal en los ojos y en la garganta, que eche de menos a la gente y que el transporte público sea un horror. Pero el balance sin duda es positivo. Nada tan tremendo de lo que quejarme.

Gracias a todos por participar y será hasta las próximas vacaciones.

2 comentarios:

.M.aco. dijo...

Que bonita esta entrada Pau...

Encuentro de lo más top que hayas conseguido lo que te propusiste, me imagino que eso te debe dar bastante seguridad, qué envidia!


Cariños para ti.

PauS dijo...

No creas! Soy la más insegura del mundo. Vivo pensando si lo que me propuse será lo mejor, si lo habré hecho de la mejor forma, si no habrán otras opciones mejores... Oigo voces todo el rato :s

 

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