miércoles, septiembre 15

el vestido para regalo

Juraría que Santiago huele a asado por todas partes, aunque también es posible que el olor esté dentro de mi cabeza por pura felicidad ante la llegada del 18. Es una de mis fechas favoritas porque la celebración involucra a todo todo todo el mundo y además lleva asociada la producción en masa de uno de los mejores inventos culinarios de la humanidad que de paso -como dicen mis amigos sociólogos- tiene el agregado de ser un hecho social.

Personalmente prefiero los asados familiares, sobre todo si hay participación de alguna abuelita que aporte sus conocimientos ancestrales en la preparación de pebre. Mejor todavía si se entusiasma con las empanadas, mientras padres y tíos discuten sus mejores técnicas para enfrentarse a la parrilla. En mi familia las habilidades gastronómicas son increíbles -aunque lamentablemente no estaban incluidas en los genes-, cosa que le da todavía más encanto a las celebraciones dieciocheras.

Lo malo es que, como toda reunión familiar, es inevitable que traigan asociado un profundo análisis de la situación habitacional-laboral-sentimental de cada uno de sus miembros. Y ahí es cuando dan ganas de salir arrancando.

Con Novio inauguramos la temporada de asados en casa de unos amigos que conoce hace tiempo. Tanto tiempo, que al parecer los padres de ellos ya lo consideran parte de la familia, porque entre choripán y choripán lanzaron la pregunta mientras yo empezaba ya a evaluar las vías de escape.

Es que a estas alturas de la vida uno sabe lo que se viene. En medio de la conversación, las tías, madres, abuelas y hasta los parientes de los amigos te empiezan a mirar de una manera distinta que ya aprendí a reconocer fácilmente. "¿Cómo te ha ido en la pega?" parece ser una pregunta simple, pero no es más que el inicio del interrogatorio clásico para confirmar que uno cumple con el primer requisito de la vida adulta: la estabilidad económica.

Entonces, cuando uno responde que bien gracias, que ya lleva un rato trabajando en el mismo sitio y que no se puede quejar, pasamos a la siguiente etapa: la estabilidad emocional. Es que si ya se tituló, ya está trabajando y ya tiene casa, ¿qué está esperando mijita para casarse? 

Ugh.

Ahí pasamos de las ganas de correr a considerar el fierrito del anticucho como una excelente arma de ataque: ¿Hace cuánto tiempo pololean? Mmm harto ya. ¿Y viven juntos? ¡Se van a casar entonces! ¿¿¿No??? ¡Pero cómo! ¿Y que edad tienen ya? ¿30? ¡¿En serio 30?! ¿Y que no piensan tener hijos? ¡Se les va a pasar el tren blablablaaa!

Pasa más o menos lo mismo en cumpleaños, navidades, encuentros casuales en la calle y tecitos con la familia. Más o menos desde que llegué a esa edad en que las mujeres terminaron de estudiar, encontraron pega, tienen un novio estable y finalmente empiezan a casarse -26/27- soy el blanco preferido de los interrogatorios. Ni hablar de cuando cumplí 30, porque ahí se sumó el ítem hijos al punto que muchos están incluso dispuestos a saltarse el conducto regular y no les importa perderse el matrimonio con tal de ver continuar la descendencia.

Y ahora que Novio se sumó al panorama, con mayor razón. Lo primero que dijeron mis tías cuando supieron que vivimos juntos fue algo así como que ya estaban preparando los vestidos para la fiesta. Mi abuela preguntó que para cuándo el bisnieto y hasta se ofreció a cuidarlo cuando quisiéramos salir. 

A pesar de todas mis negativas y declaraciones de principios durante 30 largos años, mi familia todavía no pierde las esperanzas. Así que si bien nunca fui de las chicas que andan con el vestido de novia en la cartera, sí podría decir que tengo montones envueltos para regalo por mis parientes, con una tarjetita que dice "ya po!".

5 comentarios:

Flo dijo...

O sea que este fin de semana tendrás que hacer acopio de toda la paciencia y buenos modales que puedas.
La primera al menos llega más fácil con el vinito/pisco sour/copete vario propio de estas feshas.
Suerte.

Alice in Wonderlands dijo...

jajajaja, "el conducto regular", excelente.
Me imagino tanto la situación, pero no hay nada que hacer. Después tienes un hijo y te preguntan para cuando "la parejita" y si el segundo te sale del mismo sexo, en nuestro caso mujer, te preguntarán hasta el cansancio "si van a buscar el hombrecito". Uno podría andar con la respuesta grabada y ponerle play cuando sea necesario, para evitarse malos ratos.
Feliz 18!

PauS dijo...

Así es Flo, ya estoy ejercitando la paciencia y la sonrisita y las habilidades para cambiar de tema. Y también confío en los poderes del copete para estos fines.

Alice, no sé si pueda aguantar tanto más! Necesitaré toneladas de copete!!!

Feliz 18 también!

Nika dijo...

Jajajaja!!! No lo había leído antes!!! Y si, la gente se siente con derecho a hablar de nuestras vidas. Yo a mi familia ya la tenía adoctrinada y no preguntaban. En nuestro caso LA pregunta fue por "el hijo", ya que nos tomamos unos 4 años antes de la primera. Así que cuando mi suegra finalmente logró hartarme, un día le contesté: "Si tantas ganas tenés de un bebé... tenelo vos, que todavía estás a tiempo!!" Obvio, sonrisita mediante, y jajajaja, jijiji, y toda la huevada. No me jodió nunca más, hasta que apareció Sofi en nuestras vidas. Y ahí, como dice Alice, la pregunta por el segundo. Pero ante la primera experiencia nadie se atrevió.
Besos y toneladas de paciencia!!!

PauS dijo...

Excelente respuesta, Nika! La anotaré en mi lista.
Cariños.

 

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